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Las canciones del Mundial: cómo los cánticos y frases terminan perpetuandose en el tiempo.

Cada Mundial deja algo más que goles y finales. Canciones, jingles y frases que pasan de la tribuna a las redes sociales terminan funcionando como retratos emocionales de una época. 

Desde Italia 90 hasta Qatar 2022, el folklore mundialista sigue siendo uno de los pocos fenómenos capaces de conectar generaciones enteras alrededor de un mismo sentimiento. Hay melodías que activan recuerdos de manera inmediata. Alcanzan apenas unos segundos de “Un’estate italiana”, “Waka Waka” o “Muchachos” para que aparezcan escenas completas: una familia mirando un partido, un auto tocando bocina, una calle llena de banderas o una discusión eterna sobre un gol. 

Los himnos de los Mundiales funcionan distinto a cualquier otra canción porque no quedan atados solamente a un torneo, sino a momentos emocionales colectivos. 

Cada cuatro años sucede algo parecido. Frases nacidas en una cancha o en una transmisión terminan escapando del fútbol y entrando en conversaciones cotidianas, memes, videos hasta en campañas publicitarias. Algunas duran semanas; otras sobreviven durante décadas. “Brasil, decime qué se siente”, “Andá pa’ allá, bobo”, “Primero… segundo, Francia” o incluso el “Muchaaaaachos” convertido en fenómeno popular son ejemplos de cómo el Mundial logra producir algo que hoy parece cada vez más raro: códigos culturales compartidos entre personas de edades completamente distintas.

Es exactamente ahí donde aparece “Esto no tiene cura”, la nueva apuesta de Fernet Branca, que hace un paralelismo entre la intensidad argentina para vivir el fútbol con el sabor del fernet.  Esa misma forma de ser que hizo que Qatar 2022 y la tercera estrella no fueran solo un campeonato sino un antes y un después para una generación entera.

La intensidad de ser argentinos

La campaña, que combina un spot principal con distintos contenidos en redes sociales, trabaja sobre algo profundamente reconocible para cualquier hincha: esa manera apasionada, exagerada y muchas veces desbordada de vivir cada partido.

Las diferentes piezas reúnen a streamers internacionales como Mike Máquina del Mal, Allan Brazuca y Will junto a Luquitas Rodríguez y Brian Caruso, recordado por su personaje de “Cebollitas”. La lógica se sostiene en las cargadas, la exageración, el orgullo y esa intensidad que muchas veces genera amor y rechazo del resto del mundo, al mismo tiempo.

Y tal vez ahí esté una de las razones por las que el folklore mundialista sigue ocupando un lugar tan fuerte dentro de la cultura popular. Porque el Mundial no se vive solamente durante los 90 minutos de un partido. Empieza mucho antes: en las canciones, en las cargadas, en los videos compartidos y en esos recuerdos que distintas generaciones terminan compartiendo casi sin darse cuenta.