Tregar presenta su nueva campaña de comunicación bajo el concepto “Lo auténtico se siente mejor”, un concepto que busca reforzar la cercanía de la marca con los consumidores argentinos a partir de escenas simples, reconocibles y emocionalmente genuinas.
La campaña parte de una idea central: alimentarse no es solo nutrirse. También es disfrutar, compartir, cuidar y conectar en momentos cotidianos. Desde ese lugar, Tregar propone una mirada cálida y real sobre la alimentación, enfocada en los vínculos que se construyen alrededor de una mesa, un desayuno, una merienda o cualquier instante cotidiano en el que sus productos forman parte de la vida familiar.
“Con esta campaña queremos mostrar una marca que no necesita sobreactuar para conectar. Tregar habla desde lo auténtico, desde esos momentos cotidianos que muchas veces no hacen ruido, pero tienen un enorme valor emocional. Lo auténtico está en preparar un desayuno, compartir una mesa o disfrutar un momento sin tener que explicarlo”, señaló Soledad García, Gerente de Marketing de la marca.
La pieza, producida por Landia y que ya puede verse en TV, medios digitales, radios y VP, trabaja sobre cuatro pilares centrales: disfrutar, compartir, cuidar y conectar. Cada uno de ellos refleja una dimensión del vínculo entre la marca y sus consumidores: el placer de elegir un producto rico, la mesa como espacio de encuentro, la confianza en la calidad y la posibilidad de estar presente en más hogares argentinos.
En línea con esta mirada, Tregar refuerza una personalidad de marca generosa, genuina y optimista, con un tono cálido, claro y alegre. La propuesta evita los grandes artificios donde la autenticidad aparece como principal motor de conexión, representando un paso estratégico dentro del mercado de alimentos, en un contexto donde los consumidores valoran cada vez más la transparencia, la cercanía y la coherencia entre lo que una marca dice y lo que efectivamente representa en su vida cotidiana.
“Lo auténtico se siente mejor” funciona así como una declaración de posicionamiento y, al mismo tiempo, como una invitación: volver a mirar esos pequeños momentos que, sin exageraciones ni grandes promesas, hacen bien.



