en

Fogdog enumera 7 ejemplos de comunicación sexista y advierte cómo no caer en ellos

Adriana Pineda - , Directora de Fogdog Colombia

El documento desarrollado por la agencia de pensamiento estratégico del grupo Untold_ busca orientar a empresas y marcas a navegar de forma adecuada y competitiva este mundo cambiante, alejándose de los estereotipos

En un mundo cambiante y cada vez más exigente en asuntos de conciencia social, los anunciantes, los medios de comunicación y las agencias juegan un papel fundamental en la construcción de los imaginarios correctos, alejados de los estereotipos y la discriminación que han dado origen a tantos problemas, sufrimiento y violencia a través de la historia. El género es solo uno de los temas. Pero como muchos otros conflictos sociales, ha sido una gran fuente de dolor y de barreras visibles e invisibles que han impactado el bienestar de la sociedad y la economía de las naciones. Aunque podría decirse que el conocimiento sobre los asuntos de género se ha ampliado de muchas maneras, las nuevas generaciones con ayuda de las herramientas digitales son las que están clamando con más fuerza por oportunidades equitativas y acciones concretas al respecto.

Por esto, Fogdog Colombia, agencia de pensamiento estratégico del grupo Untold_, desarrolló el documento: “7 ejemplos de comunicación sexista y cómo no caer en ellos”, a través del cual busca orientar a empresas y marcas a navegar de forma adecuada y competitiva este mundo cambiante.

“Hemos visto cómo los temas relacionados con la comunicación sexista están, felizmente, cada vez más en las prioridades de agenda de la opinión pública. Es un momento crucial para preguntarnos cómo puede la comunicación comercial abordar este tema de manera amplia, adecuada y sin oportunismo”, mencionó Adriana Pineda, Directora de Fogdog Colombia. 

En el documento, se describen 7 tópicos a tener en cuenta:

  1. Androcentrismo: La tendencia a considerar al hombre (blanco, libre) como centro, protagonista o medida de referencia de la historia y la civilización humana que provoca que otras visiones queden anuladas, sean invisibles o incluso ridiculizadas. Se hace evidente cuando se usan frases como: la evolución del hombre para referirse a la evolución de la especie humana.
  2. Estereotipos sexistas: En los estereotipos sexistas, a la masculinidad le corresponde la fuerza, la dominancia, el control, la inhibición de los sentimientos y de la empatía, y la independencia (ser para sí mismo). Por el contrario, los valores estereotipados de la feminidad son la sumisión, la debilidad, la sensibilidad, el afecto, la empatía, el cuidado de los demás (ser para otros).
  3. Ser para otros: La definición de las mujeres en relación “con”. Esta forma semántica invisibiliza a las protagonistas de las historias, refiriéndose a ellas como seres que existen únicamente en su condición de relacionarse o servir a otros (madres, esposas, ex de, etc.).
  4. Profesional sexy como categoría: Hemos visto innumerables veces titulares como “la basquetbolista más sexy” o “la Ministra sexy del gabinete” que demeritan la capacidad de las personas y agregan sesgos sobre su desempeño así como pueden motivar actos de discriminación y cosificación.
  5. Subordinación: Estas son construcciones semánticas donde la mujer aparece de forma pasiva. Por ejemplo: novios que llevan al cine a sus novias, esposos que “sacan” a cenar a sus esposas, etc.
  6. Cosificación: Se refiere a hacer uso de las mujeres o su imagen para fines que no las dignifican. La forma más común es sexual, convirtiéndola en un “objeto a disposición”. Sorprenden los ejemplos relacionados a videojuegos populares entre niños.
  7. Género como etiqueta: Consiste en utilizar el género como etiqueta de las personas al hablar de sus actividades o logros. Las palabras de género como mujer, transgénero, gay, etc., solo deberían ser utilizadas si el mensaje a comunicar gira en torno a esto.

Si bien aún hay un largo camino por recorrer en estos temas, es muy importante tomar consciencia para poder reflexionar primero, sobre los propios sesgos que contribuyen a reproducir ciertas prácticas y modos. En este sentido, vale para los comunicadores detenerse en su trabajo cotidiano y cuestionar si no están promoviendo estereotipos, si es posible mostrar mayor diversidad, y explorar la posibilidad de incorporar un lenguaje inclusivo. La sensibilización frente a estos temas no se da de la noche a la mañana. Se necesita tiempo, dedicación y entrenamiento en comunicación no sexista para eliminar los sesgos evidentes e inconscientes.

Pero lo cierto, es que actualmente no es opcional proteger la comunicación personal, corporativa y comercial de posibles irrespetos o errores que pueden costar mucho en términos de reputación y sobre todo, dañar a la sociedad.